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25 / 04 / 2006

Halo de crack

Antonio Ruiz. Periodista de la Cadena SER

No hace falta pasar mucho tiempo al lado de Fernando Torres ni someterle a una exhaustiva analítica futbolística para darse cuenta de que posee ese halo que tienen los grandes, esa atmósfera especial que distingue sólo a unos pocos. Casi desde que se asomó a este gran circo del fútbol le ha acompañado una marca indeleble que le convierte en ídolo para la legión atlética y villano para los rivales, justo las señas de identidad que suelen acompañar a los cracks de verdad.

 

Y cuando hablo de crack me quiero referir exactamente a un crack en formación, un futbolista de 22 años que lleva cuatro temporadas sosteniendo la responsabilidad del éxito de un club grande como el Atlético, máximo goleador nacional de la Liga los dos últimos años, objeto ya de ofertas millonarias por parte de los mejores clubes del mundo, icono futbolístico para los niños de media España y con una capacidad inagotable para regalar ilusión a la multitud que se le acerca en busca de una foto o un autógrafo. Es, precisamente, en estos momentos cuando uno se da cuenta del carisma que tiene el Niño para esa masa menuda del fútbol que ve retratado en Torres todos sus sueños, esa infinidad de niños aspirantes a futbolistas y esa otra legión de nenas que le miran también con fervor pero con otros ojos. Para todos ellos siempre tiene o intenta tener un huequito.

 

Me acuerdo de una anécdota que contaba la madre de Fernando en una radio cuando el Niño acababa de llegar al primer equipo. Doña Flori fue preguntada cómo encajaría su hijo la incipiente fama que se acercaba y ella contó que un día viendo un entrenamiento de la selección española en Boadilla del  Monte Fernando se acercó junto a otros niños para que aquellos internacionales le firmaran un autógrafo sin éxito y fue tal el berrinche que se llevó que le prometió a su madre que si algún día estaba en ese lugar nunca le iba a negar un autógrafo a nadie. Y hasta hoy cumple siempre su promesa.

 

Retomando lo de crack, señalo lo de crack en formación porque Fernando tiene la esencia, el talento y un sinfín de facultades que le identifican como tal pero cada día, y le quedan muchos de futbolista de elite, tiene que seguir esculpiendo su perfil por una sencilla razón natural. En el fútbol, como en la vida, la experiencia es la que define el crecimiento y madurez del individuo y el Niño se está haciendo a gran velocidad pero aún no está acabado. Es demasiado joven como para pensar que Torres es ya Torres y si mantiene su contrastada progresión estamos aproximándonos al crack que muchos pensamos será en breve. El no es tonto y aprende rápido para limar sus defectos y potenciar sus virtudes.

 

En cualquier caso, yo he tenido la inmensa suerte de presenciar en primera fila el viaje del Niño desde que aterrizó frente al Leganés con 16 años hasta el día de hoy. Aquel espigado imberbe que ya despertaba mucha curiosidad por sus marcas en las inferiores del Atlético y del equipo nacional se asomaba a la historia del Atlético dispuesto a escribir una bonita página. Y sobre él se puso todo el peso del escudo de este club. La maltratada afición rojiblanca instalada en el pozo de la Segunda recibió al Niño casi como una señal divina y se postro a adorarlo. Pronto dibujo su primer gol en Albacete, aquel balón largo de Amaya que definió magistral Torres y luego muchos mas de todos los colores con el Atleti y la Selección.

 

Yo no tengo ninguna duda, Fernando Torres representa uno de los últimos grandes impactos del fútbol español y esta llamado a pulverizar números a lo largo de su carrera. En los últimos 30 años, tal vez desde la aparición de aquel Emilio Butragueño que llamó tanto la atención en los 80, no había aparecido en el fútbol español un referente tan señalado. Siendo mucho y bueno lo que ha dado ya, lo mejor de Torres esta por llegar y los que creemos en el futbolista le esperamos sin condiciones ni excusas.

 

La única pena es que la referida progresión natural del Niño se pueda completar con otro escudo y otros colores, ojalá no sea así y la maltrecha afición atlética pueda disfrutar muchos años de sus goles. Que el Niño siga significará que el Atlético sigue siendo grande.

 

 

Foto: J. A. Sirvent

 

 

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