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Web Oficial de Fernando Torres - F9T
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24 / 03 / 2011

Fuenlabrada number 9

Rubén Uría. Periodista de Eurosport

James Allen decía que "aquel que quiere conseguir poco, debe sacrificar poco; aquel que quiere conseguir mucho, debe sacrificar mucho; y aquel que quiere conseguir el máximo, tiene que sacrificarlo todo". Torres sacrificó su sitio natural en el santoral en la religión atlética para volar lejos del Calderón; se marchó a Liverpool ganando menos dinero y se convirtió en reclamo publicitario y jugador franquicia "red" en una sola temporada, donde batió todos los registros goleadores; ahora ha sacrificado su estatus de ídolo, cuando lo más cómodo era quedarse, y ha vuelto a hacer las maletas para mudarse al barrio pijo de Londres, Chelsea, como referencia de la Torre de Babel de Abramovich. "Mi carrera parecía oscura y terminada y necesitaba un nuevo reto". Cientos de hinchas del Liverpool, tras la tocata y fuga del Peter Pan de Fuenlabrada, quemaron su camiseta, renegaron de su "number nine" y le tacharon de "Judas Scum". Con su decisión de hacer las maletas en busca de títulos, Fernando cambió el "nunca caminarás solo" por el "sólo quiero caminar". Arriesga todo al blue para cuadrar el círculo. Atlético, Liverpool y ahora Chelsea. La apuesta implica un triple salto mortal con tirabuzón. Héroe eterno para unos y traidor coyuntural para otros, Fernando Torres afronta un desafío mayúsculo, mejorar sus prestaciones y hacer campeón al Chelsea. A golpe de realidad, su tarjeta de presentación ha sido una bendición para sus clubes: Cada vez que se ha marchado ha roto el corazón de sus aficionados, ha dejado un saco de goles y además, un saco de dinero para los propietarios.

Su nueva experiencia en Stanford Bridge no está siendo color de rosa. Aún no ha dejado sentir su influencia en el equipo, no acacaba de asimilar los esquemas y empieza a detectar que le falta un pasador que sepa explotar su velocidad pura con espacios. A eso hay que unirle la acidez crítica de la prensa inglesa, respetuosa pero durísima, que le está pasando factura porque aún no ha conseguido perforar la meta contraria. Tras un debut más accidentado que afortunado, Fernando fue el blanco fácil de los tabloides. "El perdedor de 50 millones de libras", tituló The Independent; "Un español errante en Chelsea" pronosticó The Sun; "El peor debut de un fichaje desde Chris Sutton", sugirió The Daily Telegraph. Después de cinco partidos sin ver portería, Fernando Torres está en boca de todos los aficionados ingleses: "Aquí, en Inglaterra, el peso de la historia te pisa cuando las cosas no salen bien". Es el peso de la púrpura, el de los 58 millones de euros que el Chelsea ha pagado por su fichaje. Nada nuevo para un chico acostumbrado a soportar la presión y convivir con ella, de cerca, sin haberse arredrado nunca. Que se lo pregunten al Atlético, donde fue figura, líder y capitán cuando aún tenía dientes de leche. O a Rafa Benítez, que se encomendó a su carisma y sus condiciones de potro, para mantener a un Liverpool venido a menos en la elite inglesa.

Fernando Torres, Fuenlabrada Number 9, podría haberse conformado con poco, debutar en la selección y haber sido flor de un día que brilla en los amistosos; también habría podido poner su ego por delante de todo, avalado por su histórico gol a Alemania en Viena; y también podría haber renegado de Vicente Del Bosque en Sudáfrica, aireando su malestar a través de los medios de comunicación. No fue así, siempre puso al colectivo por delante de sus intereses y se sacrificó asumiendo todos los roles que le tocó interpretar: Supo ser relevo de la generación de Raúl, no le quedó grande el traje de héroe en Bélgica, no fue ególatra cuando anotó el gol que nos dio la Eurocopa, no se hizo el remolón cuando tuvo que desgastar defensas para hacer brillar a Villa y no armó ruido, ni montó quilombo, cuando Fernando Llorente dio un paso al frente. También fue un ejemplo cuando, lastrado por una lesión muscular, se dejó el alma para perseguir una pelota imposible y darle un segundo aire a España. Sabía que, si forzaba el músculo en exceso, corría un serio riesgo de lesión. No tenía necesidad de hacerlo, pero lo hizo. Torres corrió, rescató la pelota y se rompió. Dispuesto a sacrificarlo todo para conseguir lo máximo, celebró aquel Mundial en muletas. Es posible que el fútbol no tenga memoria, pero gestos como aquel son los que inspiran a las personas.

- Columna publicada en Eurosport (23-03-11)

 

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