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14 / 09 / 2005

La mirada del tiburón

Alejandro Mori Marqués. Periodista de Onda Cero

El fútbol es sistema, rigor táctico, orden. Pero también es algo vivo, mutable e impredecible. Por eso yo me quedo con la belleza de un juego que produce sensaciones maravillosas.

 

Empecé a tener noticias de Fernando cuando con catorce o quince años en el Atlético de Madrid se sabía de su calidad: “es diferente y muy bueno”, me comentaban los técnicos de la casa, esos que maman y conocen las entrañas de este deporte.

 

Se veía venir y se esperaba a un jugador que lideró a los campeones del europeo sub-16 del 2001. Con diecisiete años Fernando Torres era una realidad que generaba expectación por su velocidad, sus frenéticos desmarques y, sobre todo, por sus goles.

 

Un Atlético, en horas bajas y con la necesidad de un relevo generacional, sufría en la segunda división como un burgués venido a menos. Fue entonces cuando vi esa mirada en sus ojos. Yo estaba en la banda del Carlos Belmonte sentado en la hierba y a escasos metros del calentamiento de ese futbolista que de repente clavó sus tacos mirando al entrenador seguro de si mismo, muy por encima de la presión y con el hambre de un depredador.

 

Esa mirada fría, y a la vez expresiva, la recordaré siempre. A los pocos minutos, y tras sustituir a Kiko, Fernando buscó un balón imposible de Amaya y suspendido en el aire marcó un gol para soñar aquella tarde de Junio.

 

No podía ser de otra forma, él quería entrar por la puerta grande en el Club al que ama. A Fernando Torres tenemos que agradecerle ese aire innovador que ha traído al previsible fútbol español, su rapidez, su valentía y su gol.

 

Si, SU GOL. Porque algunos olvidan que Fernando se ha pasado la vida marcando goles, muchos goles. Una cincuentena en poco más de cien partidos en primera división, e incontables en las categorías inferiores.

 

Por cierto, muchos de sus tantos producidos como final a la jugada que, por necesidades del guión, algunos patentamos como “yo me lo guiso y yo me lo como”. Solo, zigzagueando con potencia y movimientos de escualo sorteando a las defensas y a las patadas.

 

Muchos dicen que tiene que mejorar. Tienen razón. Todos tenemos que hacerlo. Hay que tratar con respeto y normalidad a un futbolista de veintiún años de un altísimo nivel que rebosa talento. Fernando Torres es como es y juega como le señala su instinto. Intenta algo nuevo en cada movimiento y en cada jugada sin importarle nada más que el premio a su imaginación.

 

Fernando, tendré oportunidad de verte sonreír festejando en los próximos años, los goles que marcarás en el Atlético de Madrid y en la Selección. Estoy seguro.

Y entonces reviviré esa mirada. La mirada del tiburón.

 

Foto: Pablo García

 

 

 

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